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Conoce nuestro cortejo procesional

NUEVAS INSIGNIAS O ATRIBUTOS INCORPORADOS A LOS DESFILES – ORIGEN Y SIGNIFICADO En los últimos años de la década de los 50 del pasado siglo y primeros de la de los 60, en un clima de crisis generalizada de la Semana Santa que no sólo afectó a nuestro pueblo, (determinado por factores sociales y algunas secuelas, – iconoclastas y renovadoras de la Iglesia – respeto a la Cofradías por el Concilio Vaticano II), se inicia, paradójicamente una revitalización en las mismas, lenta pero firme, con reposición o restauración del patrimonio, abierto a influencia externas y con nuevos presupuestos estéticos. La Cofradía – entonces aún Hermandad – que actuó como punta de lanza fue la de Nuestra Señora de Amargura, reorganizada en 1944. Además de adquirir nueva imagen titular diseñan un paso de palio de impronta sevillano-cordobesa aportando, no sólo un ordenado y ejemplar desfile de nazarenos, impecablemente vestidos y muy numerosos, sino intercalando numerosas insignias y atributos en el cortejo que resultaron no sólo novedosos y enriquecedores, sino a la larga influyentes. Así, en 1947, la Cruz de Guía – aunque abría el tradicional estandarte – acompañada por faroles; bocinas; Mazas: Estandartines; cojín con corazón doloroso y otros añadidos. Anteriormente también la Cofradía del Santo Sepulcro, en 1926, había incorporado nazarenos con capa y otras insignias ostentando su precioso Cruz de Guía, tallada y dorada, así como otra posterior en el tramo de la Virgen. También el popularísimo «Grupo» de «los Bilorios», de la hermandad de la Virgen de las Angustias, portaba una cruz con sudario en su estación penitencial. A continuación, vamos a aportar una breve descripción de algunas de esta insignia o atributos, así como su protocolaria ubicación en los cortejos. En realidad, han sido las Cofradías nuevas o reorganizadas, la que a partir del año 80, han incorporado estos elementos, enriqueciendo los desfiles, siendo portados por los propios hermanos. Éstos son los principales: CRUZ DE GUÍA. Abre la comitiva procesional de la respectiva Cofradía. Parece que se introdujo en la procesión andaluza en el siglo XVIII. Como símbolo supremo de la redención es una cruz latina de bastante envergadura, custodiada por dos faroles de respeto. Suele ser de madera noble, en ocasiones tallada, con cantoneras y rematadas por el INRI, llevando engastada casi siempre el emblema. Es portada por un hermano con el rostro cubierto. Su marcha o detención marca el del propio cortejo procesional, indicando el camino penitente. Así la de la Cofradía de «Las Penas» muestra el lema «Toma tu cruz y sígueme». Se han generalizado, siendo excepción las que no la poseen. Algunas muy originales, talladas, constituyen obras artísticas de la artesanía local. SENATUS. Es un atributo de carácter profano, en forma del lábaro e influencia militar. Sirve para indicar HISTÓRICAMENTE la época en la que transcurre la Pasión de Cristo, en el Imperio Romano, por lo que aparecen las siglas S. P. Q. R., como los banderines de nuestros romanos, coronándose con laureles y el águila imperial con alas desplegadas. También se considera simbólico de una contraposición de poderes con el triunfo de la Cruz. Sólo aparece en dos de nuestras Cofradías: Santa cena y la de la Santa Cruz. Debe ubicarse en el primer tramo BOCINAS. Son vestigio de las «largas trompetas sonoras» que describimos en el siglo XVII por lo que su presencia no era de ornato, como ahora, sino para imponer el silencio de las calles al paso de las procesiones. Hoy son piezas de orfebrería engalanadas con rico paño bordado con algún elemento alegórico. En algunas ocasiones aparecen cercanos a la cabecera, pero su sitio natural es junto a los pasos. No han proliferado en nuestra Semana Santa LIBRO DE REGLAS. Recoge, transcrito en caligrafía artística la regla o estatutos de la Hermandad o Cofradía. Debe ir en los primeros tramos portado por el secretario custodiado por dos varas o bastones. En la actualidad es meramente testimonial, presentándose con suntuosa envuelta de terciopelo, orfebrería o trabajos en piel. En sus orígenes era INSIGNIA IMPRESCINDIBLE que podía ser consultado o auténtica credencial. En alguna de nuestras procesiones aparece como atributo, así como en los correspondientes cultos. ESTANDARTE Y ESTÁNDARTINES. El estandarte tradicional, como hemos documentado anteriormente si ha sido insignia procesional en nuestras procesiones desde épocas fundacionales. Aparece en la cabecera, salvo que se haya incorporado la Cruz de Guía. Suelen ser de terciopelo bordados con algunas variantes en su diseño o tamaño, a ser de Cristo o Virgen. Quizá sea más peculiar la presencia sostenida de los ESTÁNDARTINES que cierran tramos de nazarenos, pertenecientes a los clásicos «GRUPOS» de alumbrantes, en ocasiones cercanos a los pasos. Aparecen bordados mostrando escudos o lemas pasionistas o lemas de las Letanías ante los pasos de Virgen. Asociados a los estandartes -con cierta ambigüedad en su denominación – podemos encontrar los denominados SIMPECADOS precediendo a Titulares Marianas. Tuvieron su origen en el siglo XVII («Sine Labe Concepta») como símbolo de la encarnizada polémica anterior a la proclamación del Dogma Inmaculista (1854). Son de color celeste. Junto al lema aparece una imagen de bulto o en relieve de María Inmaculada, inspirada en los modelos de los pintores barrocos sevillanos. Adoptan formas más recortada y curvas que los estandartes clásicos. Estuvieron muy ligados a los Rosarios. También en la Hermandad del Rocío. Estrictamente no existe ninguno procesional en nuestra Semana Santa, ya que los así llamados Virgen del Amor y de la Victoria presentan representaciones pictóricas de sus respectivos Titulares. GUIONES. Son atributos específicos, que proclaman algún carisma, sección especial (juventud) o efeméride destacada de la Cofradía. Tienen formas diferentes, conjugando la orfebrería con paños bordados. En ellos, se inserta la correspondiente leyenda, siendo acompañados por bastones o hachetas. En la Cofradía de la Santa Cena, en su primer tramo aparece el Guión que promulga su carácter Sacramental: «Alabado sea Jesús Sacramentado» – «Sea por siempre Bendito y Alabado». En el de la Virgen, con un ángel músico en el asta, del coro «Virgen del Amor». BANDERA O ESTANDARTE RECOGIDO. Por influencia sevillana se les denomina «bacalaos». Son la insignia y enseña principal de las Cofradías. Sobre un cuadrángulo de ricas telas, que casi siempre bordado o con aplicaciones de orfebrería aparece el escudo blasonado de la misma. Se engarza con un asta de orfebrería rematada con una cruz lobulada, recogiéndose con un cordón de oro que lo anuda y recorre longitudinalmente. A diferencia del estandarte clásico, éste es se conduce en posición oblicua sobre el hombro derecho de un nazareno, custodiado por varas o bastones. Debe de aparecer en la presidencia, siempre. En las Cofradías de dos pasos, precediendo al paso de la Virgen. Ya indicamos que los dos más antiguos pertenecen a las Cofradía de Jesús Nazareno y del Santo Sepulcro, habiéndose extendido en otras en la actualidad. OTROS ATRIBUTOS PASIONISTA O SIMBÓLICOS. Son aquellos otros que podemos encontrar entre las filas de alumbrantes con motivos representativos o, simplemente ornamentales: LOS «COJINES»: Sobre una almohadilla cuadrada, ribeteado el terciopelo con agremán y bolas doradas, muestra en manos de un Nazareno en el centro del cortejo, algún símbolo pasionista (Cáliz, corona de espinas, corazón traspasado…) Son más de influencia cordobesa y malagueña. En otras ocasiones un PAÑO enriquecido y antiguo, que rodea algún relicario concedido a la Cofradía. De ambos los podemos encontrar en nuestras procesiones. «CIRIALES.»: No han tenido presencia efectiva en nuestra Semana Santa hasta hace muy poco tiempo y aún así muy restringida. Son piezas, normalmente de orfebrería – aunque puede ser mixtos con las astas de madera – con unos porta velas – (su origen primitivo era para iluminar los pasos) que son portados por ACÓLITOS CERIFERARIOS, revestidos con «dalmáticas» de uso litúrgico (eran clérigos los primigenios). Suelen ser cuatro, aunque se pueden reducir a dos o ampliar a seis. En el centro, puede aparecer un «pertiguero» el cual, con una especie de vara dotada de sonoro regatón, ordena al golpearla, la elevación o arriada de los mismos en sincronía con los propios pasos a los que preceden. También junto a los pasos se sitúan los INCENSARIOS, mecidos por acólitos «TURIFERARIOS o vestidos de monaguillos» estos sí que aparecen descritos, incluso con especial énfasis en nuestras procesiones. El incienso simboliza la divinidad, la realeza y la purificación consagrada, por lo que forma parte del culto, tanto interno como externo procesional. Se sirve en una naveta (receptáculo con forma de pequeña nave). También encontramos con frecuencia las triviales «canastillas», que itinerantes, guardan o sirven, carbón, pabilos u otros pequeños utensilios. No queremos dejar de consignar los BASTONES (término localmente más utilizados) o «varas». Los que las portan responden a un signo de autoridad o distinción honorífica; organización o de escolta de insignias de la Cofradía. Son piezas de orfebrería labrada las más frecuentes; metálicas lisas o con el fuste de madera. Se distinguen porque realzan el escudo o anagrama de la misma (algunos, vulgarmente llaman a esta parte «galleta»). Los más antiguos, que aún conservan las Cofradías troncales, tenían una pequeña reproducción corpórea del titular. En nuestras procesiones lo portan los Presidentes de «grupos»; responsable de tramos; casi siempre con capa distintiva. Los de los cofrades y hermanos mayores, que ostentan la presidencia, suelen ser dorados. En las procesiones sacramentales o de gloria constituyen la representación de la Hermandad o Cofradía. JUAN ORTEGA CHACÓN