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La Virgen del Amor, acompaña a la Sagrada Cena

Por D. Juan Ortega Chacón

La fecha del  Lunes Santo, dieciséis de abril de 1984, quedará marcada en los anales de nuestra fecunda historia semanantera, como el día en que volvió a nuestras calles, con esplendor y majestuosidad, el desaparecido paso de la Santa Cena, que tan querido y anhelado era por todos los pontanenses.

Después del brillante desfile, después de ser aclamado en su largo recorrido por las calles de nuestro pueblo, quedó abierto el deseo, tanto en la Cofradía como en todo el Puente-Genil manantero, de que fuera pronto acompañado por el clásico paso de Virgen, con el que se cierran todos nuestros desfiles. Porque no se concibe en este pueblo nuestro que tanto quiere a la Virgen, en esta Andalucía nuestra tan mariana, una procesión de Cristo en sus Misterios de Pasión, que no vaya acompañado de su Bendita Madre.

Por ello, nada más terminada la Semana Santa, la Cofradía puso manos a la obra y, tras la ratificación por el Cabildo General de Mayo, le fue encargada al genial imaginero sevillano D. Antonio Dubé de Luque, la ejecución de la Imagen de la Virgen, bajo la advocación excelsa del Amor.

Si este gran artista derrocho inspiración al esculpir la imagen del Cristo de la Sagrada Cena, la ejecución de la Virgen del Amor supone un dechado de perfecciones, de sensibilidad, exquisitez y divina inspiración. No se puede ser imaginero, no se puede representar a Cristo y a María, sólo con las dotes humanas. Hace falta ser creyente, ser cristiano, ser devoto y ser cofrade ejemplar como Antonio Dubé, para poder expresar con la gubia y la policromía, el milagro, humano y divino, de acercarnos el rostro soberano de María con toda su belleza y esplendor.

«¿A dónde te encontraste con María…?» -le preguntó un Cofrade de Córdoba, presente en el acto de bendición de la Virgen-. ¿Dónde, Antonio; -te repito yo- hablaste con Jesús y con su Madre para representarlos asi ante nuestros ojos; para mover nuestra oración, nuestra confianza, nuestra lágrima o nuestra alegría…?

El domingo once de Noviembre, en la Parroquia de San José, y en ceremonia concelebrada fue bendecida por el Obispo de Córdoba, MONSEÑOR INFANTES FLORIDO, que tanto ha estimulado a nuestra Cofradía con su inestimable presencia, profunda palabra y paternales bendiciones. Al término de la ceremonia religiosa se celebró un entrañable almuerzo de hermandad en el Cuartel del Imperio Romano al que asistieron gran número de hermanos, representaciones de Cofradías de Sevilla, Córdoba y Málaga y que contó con el calor «manantero» del grupo joven de música y de los extraordinarios saeteros Frasquito y Antonio Gutiérrez.

La imagen de la Virgen es bellísima. Cautivan su dulce y aniñada candidez donde tan solo, tímidamente aún -como presintiendo las amarguras de la Pasión- se asoman una lágrimas casi rientes, que resbalan sobre el nácar rosado de las mejillas. Y esa mirada -pontana y andaluza- que clava en el Cielo como un místico interrogante. Joya del arte escultórico, que viene a enriquecer, en suma, nuestro patrimonio artístico y religioso.

Son muchas las manos, que han intervenido en la puesta a punto del paso. Mucho el sacrificio económico de los hermanos. Los donativos anónimos, los trabajos y desvelos sin nombre, que irán asidos, invisibles, en el esplendor de su trono. DUBE DE LUQUE, no sólo ha sido el autor de la valiosa Imagen, sino que ha realizado el diseño y dibujos completos del paso, bordados de la saya, trazado del originalísimo palio, que, aunque no se presentará terminado, es de peculiar gusto y estilo.

La diadema imperial de la Virgen es una valiosa obra de orfebrería, en ella se engastan las cabezas en plata de los doce Apóstoles. Ha sido ejecutada por el orfebre sevillano Manuel de los Ríos, en cuyos talleres de Orfebrería Andaluza han sido cincelados los airosos y ricos varales del palio, que han sido costeados por diversos hermanos y dos corporaciones allegadas a la Cofradía. En este mismo taller han sido realizadas la canastilla y respiradero plateado -aún también incompleto- del paso, asi como las originalísimas jarras repujadas que inundarán de blancas flores el trono de la Señora.

La confección del techo del palio, manto y vestidos de la Virgen han sido realizados en el taller de las Hermanas Plaza de la ciudad hispalense. El suntuoso bordado de las bambalinas del palio, asi como la saya, cinturón y toca, han sido ejecutados, con categoría y extraordinaria finura artística, en los talleres de bordado de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad del bonito pueblo sevillano de Salteras, que dirige el artista-cofrade Alfonso Reyes. La peana ha sido dorada por el genial decorador pontanés Joaquín Borrego, y en los talleres artesanales de Muñoz Cruces, los metales del estandarte.

Y por encima de todo esto el trabajo anónimo y desinteresado de muchos, la gran ilusión -el sueño que se hará realidad; Dios mediante la tarde del Lunes Santo- de todos los hermanos de la Cofradía, que se podría simbolizar en las mujeres cofrades, que han puesto muchas horas, la labor primorosa de sus manos en ilusionadas vigilias, para que ELLA vaya todavía más guapa.

Vestida de blanco. Como la novia radiante de fervores de todo Puente-Genil; saldrá excelsa, Señora y Soberana, el próximo Lunes Santo, repartiendo AMOR a raudales desde el jardín abierto de su hermoso trono, cubierta de leve palio transparente para que iodos la vean. Donde el sol de la tarde se recree con esplendores de oro y la plata de luna de la madrugada la acaricie.

¡Madre del Amor; bendice a Puente-Genil y lleva con tu blancura y tu dolor tierno, consuelo, progreso y hermandad a todo nuestro pueblo!