Nuestra Casa de Hermandad
LA CASA-HERMANDAD: UN ANHELO COMÚN HECHO REALIDAD
Entre los muchos proyectos que nacieron al abrigo de la junta de gobierno de esta cofradía, existió siempre un deseo que, por magnánimo sí que se antojaba como imposible. Dicho deseo no era otro que el poder tener algún día una Casa Hermandad donde, al menos, nuestros enseres quedasen dignamente depositados.
Desde nuestros comienzos y con la paulatina adquisición de todos los objetos ornamentales de nuestros pasos cada día que pasaba se hacía más necesario el disponer de un salón u otra dependencia análoga donde ir depositando todo el ajuar de nuestros pasos.
Sería totalmente injusto no hacer un alto en la presente crónica para agradecer toda la hospitalidad que hemos recibido a lo largo de estos veinticinco años. La primera y principal no es otra que el local propiedad de la familia Morales Solano en C/San Sebastián (conocido como el matadero viejo), donde se realizó el primer montaje, composición y reforma del paso de la Santa Cena; posteriormente las parihuelas del paso de palio, siendo el lugar donde se realizaran aquellas entrañables y tímidas primeras levantás de lo que luego sería nuestra primera cuadrilla de costaleros. Sus paredes sirvieron de cobijo a nuestros pasos durante los primeros años y allí realizábamos nuestros multitudinarios ensayos los primeros años de nuestro caminar costalero. Como olvidar, incluso, su conversión en auténtico “pozo de Samaría” al encontrarnos en ese mismo lugar el punto de reposición de fuerzas y refrigerio tras el martirio de bajada de la Calzada en el transcurso de nuestra Estación de Penitencia del Lunes Santo. Algunos años más tarde dicho refrigerio fue trasladado a la cochera de la familia Gómez de Cisneros.
Con la entrada de la década de los noventa la cofradía emprende un acercamiento a la Parroquia y recibe el ofrecimiento de nuestro cofrade por aquellas fechas -Paco González- de habitar unos locales propiedad de su empresa situados en la zona del tropezón, lo que supondría facilitar la asistencia del colectivo de costaleros a un lugar más céntrico, amplio y cómodo. Así se hizo y los mismos fueron utilizados durante siete años, habiéndose habilitado en el mismo, incluso, una zona para local de ensayo del coro. Pero no termina ahí nuestra peregrinación. La venta del mismo en el año 1.996 provoca un nuevo traslado.
En esta ocasión a unos locales sitos en C/ José Echegaray propiedad de nuestro también cofrade José Castilla, lugar de donde salieron para su depósito definitivo en el local de pasos de nuestra recién concluida Casa Hermandad.
No echemos en olvido que sí, a lo largo de estos veinte años de peregrinaje, la cofradía hubiese tenido que hacer frente a un alquiler de locales para guardar nuestros pasos, no se hubiese alcanzado la adquisición o realización de un buen número de proyectos, por ello, es de justicia dedicar esta líneas –al menos- como justo reconocimiento y gratitud por estas desinteresadas cesiones. Manolo, Paco, José… MUCHAS GRACIAS. Y que nuestros Amantísimos Titulares os lo recompensen y premien con su filial protección.
Pero no todo queda en el almacenaje de nuestros pasos. Juntas, cabildos, almuerzos de hermandad, comidas de costaleros… ¡Cuántas veces hemos hecho nuestras las casas ajenas! Pero, al mismo tiempo ¡Cuántas veces nos hemos sentido en nuestra propia casa sin disponer de ella! La junta de gobierno ha tenido como sede permanente gran parte de esta, nuestra reciente historia, el cuartel del “Juicio de Salomón”; casa donde se han deliberado y adoptado las decisiones más trascendentales de estos veinticinco años y que incondicional y permanentemente ha estado siempre dispuesta para las necesidades de la cofradía en general. Pero no sería justo, por ello, olvidar los comienzos de la misma en los locales de nuestro entrañable y malogrado hermano Rafael Quero ni posteriormente los salones de la Peña “El Genil”. Los Cabildos Generales, por el contrario, han tenido su sede permanente en la casa de la cofradía hermana de Nuestra Señora de la Esperanza; gestión asumida, siempre, por nuestro hermano Antonio Redondo… ¿Cuántas muestras de afecto y hospitalidad más tendría de citar?
Pero no puedo olvidarme de, quizás, la más importante: nuestra Parroquia. Dos dependencias en desuso han servido estos años de auténtico almacén de todo nuestro ajuar y patrimonio procesional, siendo una auténtica muestra de maña y tesón. Han sido como la chistera de la que el mago saca y mete su repertorio variopinto, cantidad de cosas impensables ante nuestra mirada atónita o aquellos cestos desde los que se multiplicaron hace dos mil años aquellos panes y peces por indicación del Maestro. Cierro los ojos y aún me parece ver a nuestro querido hermano Pepe Gálvez “Colorín” coronando la cima de una escalera, disponiendo puntas, alambres, cordeles, rieles, vigas falsas, estantes y demás artilugios para que todo cuanto se iba desmontando tuviese su digna disposición en el escaso espacio del que se disponía. Era todo un doctorado en tramoya teatral que ha sobrevivido y se ha trasmitido prácticamente hasta nuestros días. Representaba un auténtico derroche de vitalidad a su edad, en puertas de los ochenta. El mismo que en los últimos años, en las mismas condiciones –y aunque pudiera representar una falta de modestia por mi parte- he visto asumir y desarrollar a mi padre junto con otros hermanos en las tareas de montaje y mayordomía como Juan Velasco,
Juan Ortega o Rafael Benjumea. Hasta el más mínimo rescoldo o el más estrecho rincón fue aprovechado y convertido en la zona más útil para nuestros propósitos. Siempre con el beneplácito de nuestros máximos responsables parroquiales: D. Manuel García y D. Rafael Caballero.
Pero aun así los espacios eran no solo insuficientes, sino inadecuados para albergar otra serie de piezas, objetos o elementos que, por mucho que quisiéramos ya no cabían en los lugares de que disponíamos. Es por ello por lo que siempre ha habido alguna familia dispuesta a ceder o albergar en una habitación vacía, en un ropero en desuso o en cualquier dependencia o lugar necesario lo que hiciera falta. Han sido varios a lo largo de estos años, pero buena parte de este cobijo externo a la parroquia tan necesario fue asumida primordialmente por la familia del Val quién, por iniciativa de nuestro siempre recordado y querido hermano Constancio, puso a nuestra disposición un local de su casa para que la disposición y almacenaje de los mismos fuese la adecuada o al menos la más conveniente dentro de sus posibilidades y de nuestras necesidades. Iniciativa que, incluso después de su desafortunada pérdida, se ha seguido utilizando hasta que nuestra casa ha permitido que los mismos encuentren su ubicación definitiva. Gracias, Constancio, allá donde estés en nombre de esta cofradía que siempre te recordará con el cariño que te mereces y por la que, seguro, seguirás velando y trabajando desde el lugar que el Cristo de la Cena y Nuestra Madre del Amor te hayan encomendado.
A comienzos del año noventa y tres y, durante algo más de año y medio, nuestro hermano Francisco González, Cofrade Mayor por aquel entonces, pone a disposición de la cofradía la casa de “La Molina” en calle Horno que había adquirido meses antes, en un intento por experimentar la sensación anhelada de tener un techo propio. Hermanas camareras, junta de gobierno y sobre todo, el coro hicieron uso de la misma para sus reuniones, actividades, ensayos… e incluso organizamos nuestra primera Cruz de Mayo en ella. Su uso representó el paso previo y definitivo para rozar el sueño deseado…
En el año noventa y seis y, recién comenzado el periodo en que nuestro hermano José Castilla accedió al cargo de Cofrade Mayor, recibe la llamada de nuestro hermano Paco -que hacía algún tiempo que había establecido su residencia en Sevilla- y pide reunirse con él para tratar un asunto de interés para nuestra cofradía. Llegado el momento oportuno y, junto a Juan Ortega, quedan gratamente sorprendidos cuando durante el transcurso de la reunión pone, encima de la mesa, las escrituras de dos solares sitos en la calle Santos 8-10 de nuestra Villa. Los mismos habían sido adquiridos por su familia y, desde aquel mismo momento por decisión y consenso familiar, quedaban a disposición de la cofradía con el ruego expreso a nuestro Cofrade Mayor de que construyera en los mismos la tan deseada y esperada Casa Hermandad. Dicho gesto supondría el revulsivo que transformaría y revolucionaría el devenir de nuestra cofradía desde entonces pues, a los desvelos propios de alcanzar el montante presupuestario para realizar nuestra Estación de Penitencia y continuar con la adquisición de patrimonio cofrade habría de sumarle el reto importantísimo de recabar los fondos oportunos para levantar en los mismos las estructuras necesarias para que dicha petición y anhelo se convirtiera en la esperada y deseada realidad.
Recuerdo de manera entrañable, la cara de perplejidad que se nos quedó a los miembros de la junta de gobierno cuando el jueves siguiente se nos transmitía la noticia. Representó un hecho magnífico que la cofradía agradecerá siempre y que siempre mencionaremos con la dignidad y justicia que se merece.
El camino por recorrer a continuación está plagado de gestiones administrativas y económicas. La cofradía se encontraba inmersa en el periodo de adaptación de nuestros Estatutos conforme a lo establecido en el nuevo código de Derecho Canónico y al Estatuto Marco para Hermandades y Cofradías. Se hacía necesaria la adquisición de personalidad jurídica pública ante el Ministerio de Justicia y de adquirir una serie de condicionantes legales necesarios para poder realizar no solo la transmisión patrimonial derivada de la donación, sino lo que era más importante; la búsqueda de la financiación de los trabajos de cimentación y cubierta de los solares en aras de poder optar a la hipoteca que posibilitara la construcción de la casa sobre el proyecto de ejecución realizado. No se trató precisamente de un camino de rosas pues, no en balde fue un trabajo concienzudo que se llevó casi tres años de trabajo administrativo y de planificación de las actividades necesarias para financiar el gasto que dicha empresa requeriría en lo sucesivo.
Atravesada la barrera psicológica del milenio, el mismo se inició con la adjudicación y comienzo de las obras de nuestra Casa-Hermandad, tarea que nos consta acaparó gran parte del tiempo libre de nuestro Cofrade Mayor José Castilla, quién tiene sobrada experiencia en este ramo y en el que todos depositamos nuestra confianza ciega y él en particular su dedicación y desvelos. El inicio real de las obras comenzó el jueves veinte de enero, día en que se iniciaron las tareas de limpieza y acondicionamiento de los solares por los Hermanos Merino Carnerero, quiénes donaron la mitad del importe de su trabajo a esta cofradía, quedando constancia en relación de donaciones recibidas.
La realización de las obras fue ofertada en un principio a cuatro empresas de nuestra localidad, si bien, realizados los correspondientes presupuestos y analizados convenientemente, la Junta de Gobierno en sesión extraordinaria celebrada el jueves tres de febrero y levantando el correspondiente acta adjudicó la ejecución a la empresa de Construcciones Bascón, regentada por nuestros queridos hermanos Rafael Bascón Calvillo y su hijo Rafael Bascón Aguilar. Entre los dos presupuestos ofertados en mejores condiciones y dada su similitud económica, el hecho de que tanto los anteriormente citados como la totalidad de la familia pertenezca de manera activa a nuestra cofradía y participasen de innumerables actividades a lo largo del año siendo además el hijo hermano costalero de nuestra Madre del Amor, son circunstancias que han hecho que la junta valorara en su justa medida y, unánimemente, inclinara la balanza a su favor. Decir, en honor a la verdad, que tanto el proyecto original como la dirección de obra han sido responsabilidad de los hermanos costaleros respectivos Marco Antonio Cabezas Gálvez y David Parras Rejano; técnicos que han realizado su trabajo de manera totalmente desinteresada, siendo tan solo con cargo a nuestro pecunio los costes colegiales; lo que supone un importante ahorro a nuestras arcas.
La ceremonia de colocación de la Primera Piedra se celebraría el sábado veinticinco de marzo de dos mil, Con una periodicidad mensual se fueron realizando informes a la Junta de Gobierno sobre los pormenores de las obras que para el año dos mil uno había completado la fase de cimentación, estructura, saneamiento, cubierta y cerramientos. A efectos de contribuir con los gastos propios de la edificación de la casa, por acuerdo de la Junta de Gobierno y con carácter extraordinario se puso a disposición de los hermanos en el mes de diciembre de dos mil unos Cupones Pro-Obra a mil pesetas cada uno que, con carácter simbólico, supusiera la aportación de todos bajo el lema: «UN TROCITO DE TU CASA HERMANDAD». Conocedores de la existencia de casas con mayor o menor número de miembros hermanos/as, se dejó a la voluntad de cada familia la elección del número de cupones con el que colaborar. No cabe duda de que representa una manera humilde pero poderosa con que aportar todos nuestro particular grano de arena para que esta obra se realizara y constituyera el orgullo personal de todos, testimonio cultural para las generaciones venideras y enriquecimiento del patrimonio de todo Puente Genil.
Precisamente como muestra de esta última frase y coincidiendo con la culminación de los trabajos de cubierta y cerramiento se decidió la organización, ese mismo año, de una Cruz de Mayo con la intención de ofrecer unas “Jornadas de Puertas Abiertas” y la oportunidad de presentar a todos los hermanos y hermanas el estado de las obras y potenciar en estos días nuestros fraternales lazos y espíritu cofrade de convivencia y hermandad reunidos bajo un solo techo común. El resultado y la experiencia resultó muy gratificante y concurrida de hermanos y público en general que acudió a admirar esta realización; siendo la opinión generalizada de admiración y alabanza y motivo de orgullo y satisfacción para todos nosotros.
Verdaderamente representan unas jornadas para apreciar y descubrir las virtudes personales de muchos hermanos de los que solo teníamos conocimiento y relación en oportunidades contadas a lo largo del año. Fue ese el motivo por el que en años sucesivos se ha seguido fomentado esta convivencia no solo entre los hermanos, sino con el pueblo entero. Celebraciones así y el apoyo recibido por cuantos se han acercado a las mismas son las que han animado a trabajar al unísono en lograr su finalización y ofrecer un amplio campo de desarrollo a las inquietudes e iniciativas que, aunque numerosas, no encuentran su meta por falta de un espacio adecuado.
Bien desde la máxima responsabilidad o desde su vocalía de obras, felicitar al hermano Pepe Castilla por su dirección, tarea que siempre ha contado con el beneplácito y confianza de toda la Junta de Gobierno igual que los que con su trabajo y dedicación, desde el plano técnico, profesional o laboral han hecho realidad este anhelo de todos y por supuesto a cuantos hermanos con su presencia, apoyo y colaboración, por pequeña que fuera, hayan contribuido con su ayuda, presencia y donativo al engrandecimiento de nuestra cofradía.
Desde ese año y de manera ininterrumpida se ha venido instalando en el Salón de Pasos una artística Cruz de mayo dentro del certamen local de Cruces de mayo del Ilustre Ayuntamiento, organizada por nuestra cofradía, y en el que, cada uno en su faceta contribuye en la medida de sus posibilidades: el coro en el aderezo, los costaleros en la barra y el colectivo de hermanas camareras en la cocina. Desde mi punto de vista personal es el justo reconocimiento no solo al indudable mérito artístico, sino que también al social puesto que durante ese fin de semana nuestra cofradía se constituye en lugar y punto de encuentro de prácticamente toda la localidad. Los beneficios económicos han sido destinados a la continuidad de las obras de la Casa-Hermandad durante todos los años de celebración.
Pero no todas las obras o trabajos que se han realizado has sido encargados a profesionales o empresas del ramo. Durante algunos años ha habido un grupo de hermanos de la cofradía que restándole tiempo a su familia ofrecían su trabajo para ir aportando y ampliando las instalaciones iniciadas. Dichos trabajos fueron coordinados por nuestros hermanos Rafael Baena Guadix y José Parras Cejas, habiendo recibido la colaboración de Tomás Morales Gutiérrez, Rafael Bascón Acosta, Manuel Muñoz Merino, Manuel Gil Navas, Juan Manuel Velasco Estrada o Francisco González Garrido. Gracias a su trabajo anónimo y callado se finalizó la cocina, aseos y diversos trabajos de fontanería e instalación eléctrica.
¿Cuándo entraremos en nuestra casa ? Esa era la pregunta del millón. Casi no nos lo creíamos cuando durante la celebración de los actos del XX Aniversario los preparativos del paso se realizaron en el salón de pasos… Así pues, el destino quiso que el local donde se encontraban los pasos fuese adquirido por otro propietario y, como consecuencia, definitivamente pudimos consumar la mudá de nuestros pasos el nueve de julio de dos mil cuatro. Muchos pensábamos que solo estando dentro de la casa y necesitando el uso de las instalaciones, íbamos a ser capaces de ir adecuando dependencias e ir avanzando hasta el final de las obras.
Recién asumido por José Miguel Sánchez al cargo de máxima responsabilidad de nuestra cofradía, se propone la meta de finalizar definitivamente la Casa-Hermandad. Era un propósito que de no ser asumido como reto se hubiera prorrogado en el tiempo y se imponía la necesidad de perseverar en el empeño. La financiación quedaba asegurada con las actividades previstas al respecto, pero hacía falta un golpe de efecto que insuflara un poco de ánimo económico y posibilitara acometer las obras menores que hacía falta realizar. Por ello se constituyó un grupo de unos ochenta hermanos que estuvieran dispuestos a abonar una cuota mensual de seis euros, emisiones que se han realizado durante dos años y que, sin duda, ha supuesto el respiro económico casi definitivo.
Pero no solo el dinero lo soluciona todo. Era preciso poner manos a la obra –y nunca mejor dicho-. Y en este propósito desde el mismo seno de la junta de gobierno emanaron peones, electricistas, soladores, camioneros, albañiles… Con el Cofrade Mayor a la cabeza y rodeado de un puñado de locos ilusionados, hemos estado en la brecha aportando lo único que era necesario: nuestra ilusión y nuestro trabajo personal. Pero nos hizo falta un profesional que con su saber hacer y su maestría en el oficio nos pusiera a cada uno en su sitio y ahí apareció nuestro hermano Antonio Gil Alcaide que empezó ofreciendo su trabajo para terminar un ojo de patio y terminó coordinando y asumiendo la responsabilidad de ir poniendo la guinda a cada uno de los picos que quedaron por terminar (patio de luces, arcadas y solería del patio principal, alicatado del portal, solado de la escalera, colocación de rejas…). Antonio ha sido el ángel que nuestros titulares nos han puesto en el camino para que el sueño se hiciera definitivamente realidad. Todos cuantos hemos compartido su compañía durante este tiempo solo seremos capaces de valorar el orgullo y la ilusión que nos ha trasmitido en cada cubo de mortero o en cada palada de arena que hacía falta arrimar… precioso y preciso tiempo que ha sacrificado de su familia quién –no por ello- le ha dejado de animar y acompañar en el empeño. En nombre de todos GRACIAS DE TODO CORAZÓN UNA VEZ MÁS.
Pero aparte de Antonio el hecho de terminar la casa ha sido una enfermedad contagiosa cuyo virus ha ido emanando de dos hermanos fundamentalmente: Rafael Baena Guadix y José Miguel Sánchez. Todos hemos tenido momentos de mayor o menor disponibilidad, pero ambos han sido los verdaderos capataces que han sabido aglutinar materiales, esfuerzos y “tajo” en que emplear el más mínimo tiempo libre de la cuadrilla de trabajadores disponibles. Utilizando términos deportivos, si se me permite la licencia, ellos son los que ostentan el récord de permanencia y cada cual en su ámbito han sabido captar todo lo necesario para seguir abriendo campo de trabajo e ir culminando tareas pendientes.
Pero si de arrimar se trata, no puedo olvidarme de varios hermanos aparecidos en momentos clave. De un lado nuestro hermano José Antonio Carmona que ha sabido aprovechar su privilegiada relación para atraer donativos en especie que bien han sido utilizados en la casa o han servido de moneda de cambio para obtener o comprar los necesarios. Pedro González Martos en la donación de todos los mecanismos de electricidad y Rafael Benjumea Valverde por todas las lámparas de bajo consumo que iluminan la casa. Así como de la familia Martín-Ortega que supo creer y valorar la tarea que traía de cabeza a esta junta de gobierno y a la cofradía en su conjunto y quiso sumarse con su importantísima aportación económica.
Tres años, tres años día tras día y fin de semana tras otro al compás que nuestro director de orquesta que nos iba marcando como si de una marcha de procesión infinita o una larga chicotá se tratara.
Interminable sería el seguir narrando anécdotas y méritos de los que verdaderamente han dado su tiempo y su trabajo y sería faltarles –incluso- al respeto de su anonimato y de su entrega ferviente; como dijo el pregonero: “al trabajo en silencio y en las sombras”. Pero, aún en el temor de que pudiera dejarme alguno en el tintero vaya nuestro aplauso más sincero –además de los ya nombrados- para ellos: a Rafael Serrano y José Manuel Delgado por los trabajos de pintura; a Manuel Gil Navas en la fontanería; a Francisco González Garrido por la instalación eléctrica; a los hermanos Rafael y Baldomero Esojo que tan magistralmente han aportado su trabajo de ebanistería y carpintería; igualmente que a David Gámiz y Antonio Jesús Morales por su polivalencia; a los hermanos Juan y Alfonso Morales Cledera en la carpintería metálica y cerrajería artística y a Juan Velasco por su disponibilidad y apoyo.
Por último agradecer a las firmas que han colaborado con su aportación desinteresada o en especie medida de sus posibilidades y de su generosidad: José María Romero y Rafael Díaz de (Instalaciones San Eloy); Florencio Lucena; Alfonso González (Pavigesa); José Antonio Rivas y Manuel Torres Bancalero (Hormigones Aguilar); Cerámica Los Remedios; Antonio y Rafael Gutiérrez; Francisco Velasco Carrillo (Agrícola Velasco); Miguel Salas Estrada (Xenilosa); Manuel Arjona Sánchez (Construcciones Santa Ana), Francisco Sánchez Torres; Excavaciones Hnos. Merino Carnerero; Antonio Somé Trujillo y Construcciones Rafael Bascón. A ellos habría que sumar los donativos de lámparas, faroles y apliques realizados por diversos hermanos por ofrecimiento personal o familiar
El pasado 15 de enero se daban por concluidas las obras. Aprovechando la presentación del cartel del XXV Aniversario el día 18 de ese mismo mes, se hizo la presentación de nuestra Casa Hermandad ante la sociedad manantera de Puente Genil que protocolariamente había sido invitada al acto.
Habría sido imposible poder atender al amplio colectivo de hermanos que conforma nuestra cofradía. No obstante, no ha hecho falta una ceremonia inaugural para que los hermanos, en mayor o menor medida, hayamos podido disfrutar previamente de las instalaciones (Cruces de Mayo, Jornada solidaria de Convivencia de Navidad, Almuerzo del Lunes Santo, Procesión infantil, Belén Navideño, Cabildos…).
Tan solo queda vivir intensamente las actividades de nuestra cofradía y participar con nuestra presencia y en compañía de nuestros familiares y amigos de la vida de la misma para mayor Gloria de nuestros Amantísimos Titulares otorgándole dignamente el calificativo que orgullosamente le damos a nuestra casa: HERMANDAD.
Alfonso Jesús Morales García (Revista XXV Aniversario)